La comunicación entre padres e hijos

La comunicación entre padres e hijos
3 julio, 2020 Mamen Rivera

ORIENTACIÓN | Lectura: 7 minutos

La comunicación entre padres e hijos

Escrito por Daniel Piñeiro
Orientador Psicopedagógico
en Virtus y Think Ahead

La comunicación entre padres e hijos adolescentes puede llegar a ser un auténtico desafío. Esto puede deberse a factores de diversa naturaleza, entre los que destacan las diferencias generacionales o el impacto de las nuevas tecnologías, que han abierto nuevos canales de comunicación. A continuación te mostramos las dificultades que conlleva el fenómeno de la comunicación y cinco consejos prácticos que te ayudarán a comunicarte con tus hijos adolescentes con éxito.

¿Por qué es tan difícil la comunicación entre padres e hijos?

Echemos la vista atrás a un juego de la infancia que nos permite entender la complejidad del proceso comunicativo: el «teléfono escacharrado». En este juego, una persona (emisor) transmitía un mensaje que se iba modificando progresivamente a medida que pasaba de un receptor a otro, con la dificultad añadida de que el canal estaba dañado, ya que los mensajes se transmitían en forma de cuchicheos. Este ejemplo nos ayuda a entender que la comunicación no es un proceso sencillo, sino que está sujeto a distorsiones derivadas de la percepción subjetiva de cada individuo. Esa percepción conlleva inevitablemente una interpretación del mensaje.

La etapa de adolescencia, además, conlleva de forma natural una serie de complicaciones emocionales y sociales, como son la inseguridad o dificultad para identificar y expresar necesidades individuales.

Los adolescentes, por lo general, no tienen problemas en hablar de lo que no quieren, pero les cuesta mucho expresar lo que necesitan.

Los nuevos canales de comunicación entre padres e hijos y la brecha generacional

Otro factor clave es el canal de comunicación. Es muy frecuente hoy en día encontrar a adolescentes concentrados durante horas en sus teléfonos móviles, comunicándose a través de las redes sociales. Para muchos, el canal tradicional de comunicación oral ha dejado de ser atractivo.

Por lo tanto, el problema actualmente no es que al adolescente le cueste comunicarse, sino que no sabe o no quiere hacerlo mediante los canales de comunicación con los que la generación anterior se siente más cómoda.

Los estilos de crianza que definen la comunicación entre padres e hijos

Resulta de gran interés exponer los diferentes estilos en los que se educa a los niños para ver cómo influyen en la comunicación entre padres e hijos.

Existen tres estilos de crianza en base a dos variables: el afecto y la autoridad. El conocimiento de cómo funcionan los distintos estilos y de qué forma marcan las pautas de comunicación entre padres e hijos será fundamental de cara a entender cómo podemos mejorar la comunicación. Estos son los tres estilos de crianza:

estilos de comunicación entre padres e hijos

1. Autoritario
Se prima la autoridad y se proporciona poco afecto. Los padres y madres imponen las normas y límites sin ofrecer explicaciones.

2. Autoritativo o democrático
En este estilo de crianza, autoridad y afecto operan a la par. Esto supone que las normas se negocian en vez de imponerse.

3. Permisivo o laissez faire
Este estilo se caracteriza por presentar unos altos niveles de afecto y bajos niveles de autoridad. Los progenitores suelen imponer pocas normas y pocos límites a los hijos.

 

El estilo de crianza más equilibrado y, por lo tanto, el que mejor facilita la comunicación entre padres e hijos es el segundo: el estilo autoritativo o democrático. Teniendo en cuenta todo lo anteriormente expuesto, veamos cómo podemos hacer frente a las dificultades de comunicación con cinco consejos prácticos.

5 consejos para comunicarte con tus hijos adolescentes

1. Crea momentos propicios y cuida el canal de comunicación

Para comunicarse con los adolescentes es importante crear momentos propicios y, en la medida de lo posible, libres de dispositivos tecnológicos.

Un buen ejemplo sería el momento de la cena. Se trata de un contexto ideal para comunicarse, compartir y gestionar en familia los problemas cotidianos que tienen los adolescentes. Aquí, el uso de teléfonos móviles, por ejemplo, podría entorpecer la comunicación, ya que está demostrado que el uso de estos dispositivos interfieren en la capacidad de atención.

Por este motivo, es importante negociar y establecer ciertas normas para no usar los dispositivos en estos momentos. Será fundamental que los adultos seamos los primeros en prescindir de estos dispositivos, funcionando así como modelo de comportamiento para los adolescentes.

2. Ten un estilo democrático

Para lograr que nuestro estilo de crianza sea democrático, la clave está en mostrar afecto, sin dejar de establecer ciertos límites, que siempre negociaremos previamente con nuestros hijos adolescentes. A veces, es tan sencillo como explicar por qué se han de aplicar ciertas reglas, aclarando detalladamente el motivo detrás de cada una de ellas. No se puede ser rígido en exceso, ni demasiado flexible.

Veamos un ejemplo práctico. Supongamos que nuestros hijos viniesen del colegio diciendo que han sacado menos nota de la esperada. Para que esta situación no desencadene un conflicto negativo o una discusión, en vez de regañarles o castigarlos sin más, un padre o madre que se guíe por un estilo democrático se centrará en hacerles comprender las consecuencias negativas que el hecho de no esforzarse lo suficiente en sus estudios pueden tener para ellos en el medio-largo plazo, yendo más allá de nuestro propio sentimiento de decepción. Así, podremos hacerles ver a nuestros hijos la importancia del esfuerzo y motivarlos para que lo hagan mejor la próxima vez.

Si quieres saber más sobre cómo motivar a tus hijos para estudiar, te recomendamos que leas el siguiente artículo.

3. Cambia los mensajes amenazantes, extremos y catastrofistas por mensajes constructivos

Los mensajes extremos y las amenazas del tipo: «Si no haces los deberes te vas a quedar castigado todo el fin de semana» no funcionan en estos casos. El efecto puede ser contraproducente, ya que a algunos adolescentes, sobre todo a aquellos que presenten un alto nivel de inseguridad y una baja autoestima, les puede generar un sentimiento de culpabilidad que alimente su inseguridad.

Por otra parte, este tipo de mensajes tampoco funcionan con adolescentes más «pasotas», ya que la dimensión extremista de estos argumentos puede llevarles a ignorarlos o no tomarlos en serio.

Así pues, son más efectivos los mensajes que explican de manera sosegada las consecuencias de las acciones a corto, medio y largo plazo, del tipo: «Es importante que hagas los deberes para conseguir afianzar lo aprendido en clase y no agobiarte después antes el día de antes del examen». De esta forma, el adolescente podrá realizar una reflexión constructiva de los resultados de sus actos.

4. Transforma los juicios y acusaciones en peticiones

Un ejemplo de mensaje juicioso o acusatorio sería el siguiente: «Eres un desastre; tu habitación es un caos». ¿Por qué no funcionan este tipo de mensajes? Porque una acusación siempre va a generar mucho más rechazo, ya que al emitir un juicio de este tipo estamos atacando directamente la personalidad de nuestros hijos, y no a un comportamiento de carácter más puntual que sería mucho más sencillo de modificar.

Por lo tanto, un mensaje del tipo «No es que seas un desastre, sino que tu comportamiento no está siendo el de alguien ordenado; por favor, recoge tu habitación porque así vas a estar más cómodo en ella», será mucho más productivo y, en última instancia, menos ofensivo. Se trata simplemente de poner el foco en el comportamiento puntual, de forma que nuestro hijo lo perciba como algo modificable y de lo que puede obtener una recompensa.

 

5- Ten en cuenta que no siempre es buen momento para hablar

En algunas situaciones la intensidad emocional del momento puede complicar la comunicación. En estos picos de tensión muchas veces la ansiedad nos impide pensar con claridad y podemos terminar emitiendo mensajes dolorosos que irán en detrimento de la comunicación; un ejemplo pueden ser los días que preceden a un examen, donde nuestros hijos tienen un alto nivel de estrés.

En estos casos, será más eficaz buscar un momento propicio, en el que ambas partes se encuentren relajadas, como por ejemplo durante el fin de semana, realizando algún tipo de actividad familiar que la comunicación y nos lleve a un resultado más favorable para ambas partes.

En definitiva, cambiar los hábitos comunicativos no es una tarea sencilla. Desde luego, no es algo que se pueda conseguir de un día para otro, ya que requiere cambiar patrones comunicativos que están muy arraigados en el ambiente familiar. Sin embargo, se trata sin duda de un esfuerzo que merece la pena en lo relativo a ser capaces de comunicarnos mejor con nuestros hijos adolescentes, entender mejor sus problemas, empatizar con ellos y poder ayudarles.

El primer paso es la voluntad de cambio, algo que nuestros hijos van a apreciar y que será un buen punto de partida para lograr el entendimiento mutuo.

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